viernes, 28 de enero de 2011

Oda a mi generación

A los veintisiete días de mayo del año setenta un hombre se sube sobre sus derrotas, pide la palabra momentos antes de volverse loco. No es un hombre, es un malabarista de una generación. No es un hombre, es quizás un objeto de la diversión, un juguete común de la historia con un monograma que dice “bufón”. Ese hombre soy yo.

Pero debo decir que me tocó nacer en el pasado y que no volveré. Es por eso que un día me vi en el presente, con un pie allá donde vive la muerte, y otro pie suspendido en el aire, buscando lugar, reclamando tierra de futuro para descansar. Así estamos yo y mis hermanos, con un precipicio en el equilibrio y con ojos de vidrio.

Ahora quiero hablar de poetas, de poetas muertos y poetas vivos, de tantos muchos, hijos de esta fiesta y de la tortura de ser ellos mismos. Porque hay que decir que hay quien muere sobre su papel, que vivirle a la vida su talla tiene que doler. Nuestra vida es tan alta - tan alta - que para tocarla casi hay que morir, para luego vivir.

Yo no reniego de lo que me toca, yo no me arrepiento pues no tengo culpa, pero hubiera querido poderme jugar toda la muerte allá, en el pasado, o toda la vida en el porvenir que no puedo alcanzar. Y con esto no quiero decir que me pongo a llorar. Sé que hay que seguir navegando. Sigan exigiéndome cada vez más hasta poder seguir o reventar.

Silvio Rodríguez.

Una vida fantástica, maravillosa y mágica, sin duda.




jueves, 27 de enero de 2011

Sobre tu escrito

Ese era el asunto del correo que me acaba de llegar hace unas pocas horas, un correo que, sinceramente, me gustó mucho.

Diego que joven eres!! Y ya bebiste gota a gota , nota a nota , letra a letra los pulsos de corazon de Silvio llenos de esa armoniosa inteligencia que conmueve.Tambien mi persona, cuando era joven llenaron mi alma sus voces, fue fue grandioso sumergirme en sus canciones eran viajes lejanos y profundos que enternecian mi alma, derrumbando toda la frivolidad que habia a mi alrededor y todavia es asi
quizás.

No digas que es inútil la lucha,
que las heridas y el esfuerzo son en vano,
que el enemigo no ceja ni desfallece
y que todo seguirá como siempre.

Si fue falsa la esperanza, los temores también pueden mentir.

Tal vez tras ese humo lejano, ocultos
ahora mismo tus camaradas persigan al adversario en retirada
y, pese a tu escepticismo, resulten dueños del campo de batalla.

Pues aunque aquí las olas exhaustas rompan
sin que parezcan ganar un palmo,
por allá la marea inunda bahías y ensenadas
avanzando en silencio.

Arthur Hugh Clough (Liverpool 1819 - Florencia 1861)

Capítulo 68

Apenas él amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba reclamar lasincopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de carioconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se rdulaba los hurgalios, consintiendo en que él se aproximara suavemente sus orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentían balmparamar, perlinos márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.

Rayuela

Julio Cortázar.

Fragmento capítulo 71

Morelliana.

¿Qué es en el fondo esa historia de encontrar un reino milenario, un edén, un otro mundo? Todo lo que se escribe en estos tiempos y que vale la pena leer está orientado hacia la nostalgia. Complejo de la Arcadia, retorno al gran útero, back to Adam, le bon sauvage (y van…), Paraíso perdido, perdido por buscarte, yo, sin luz para siempre… […] Hay quizá un reino milenario, pero no es escapando de una carga enemiga que se toma por asalto una fortaleza. Hasta ahora este siglo se escapa de montones de cosas, busca las puertas y a veces las desfonda. Lo que ocurre después no se sabe, algunos habrán alcanzado a ver y han perecido, borrados instantáneamente por el gran olvido negro, otros se han conformado con el escape chico, la casita en las afueras, la especialización literaria o científica, el turismo. […] Puede ser que haya otro mundo dentro de éste, pero no lo encontraremos recortando su silueta en el tumulto fabuloso de los días y las vidas, no lo encontraremos ni en la atrofia ni en la hipertrofia. Ese mundo no existe, hay que crearlo como el fénix. Ese mundo existe en éste, pero como el agua existe en el oxígeno y el hidrógeno, o como en las páginas 78, 457, 3, 217, 688, 75 y 456 del diccionario de la Academia Española está lo necesario para escribir un cierto endecasílabo de Garcilaso. […] Puede ser que haya un reino milenario, pero si alguna vez llegamos a él, si somos él, ya no se llamará así.

Rayuela

Julio Cortázar

Fragmento capítulo 73

Sí, pero quién nos curará del fuego sordo, del fuego sin color que corre al anochecer por la rue de la Huchette, saliendo de los portales carcomidos, de los parvos zaguanes, del fuego sin imagen que lame las piedras y acecha en los vanos de las puertas, cómo haremos para lavarnos de su quemadura dulce que prosigue, que se aposenta para durar aliada al tiempo y al recuerdo, a las sustancias pegajosas hasta calcinarnos. Entonces es mejor pactar como los gatos y los musgos, trabar amistad inmediata con las porteras de roncas voces, con las criaturas pálidas y sufrientes que se acechan en las ventanas jugando con una rama seca. Ardiendo así sin tregua, soportando la quemadura central que avanza como la madurez paulatina en el fruto, ser el pulso de una hoguera en esta maraña de piedra interminable, caminar por las noches de nuestra vida con la obediencia de la sangre en su circuito negro.

Rayuela

Julio Cortázar.




























Ahora parece que yo debo mirar hacia el mar, descubrí la noche su reflejo entre los botes. Mañana vas a encontrar una flor que te dejé, contra el pecho abrazarás su suave fuego y, en una danza sutil, libélulas de jardín cruzarán el cielo de tus sentimientos.

A mi damisela y su flor, con su sombrilla y mi amor, damisela del jardín de las camelias.